martes, 28 de mayo de 2013

Recuperar divisa extranjera para la economía real.


Recuperar divisa extranjera para la economía real.

Nuestro país transita una época histórica, desde los social, lo político y también lo económico.
Es histórica por los cambios y transformaciones que desde el estado nacional se están generando sin pausa dentro de la sociedad misma.
 Cada momento político tiene,
sin dudas, su componente histórico. Pero convengamos que desde la llegada de la democracia los hechos históricos no pasaban por gestas que cuestionaran el estado actual de las cosas. Cuestionar los enormes desequilibrios sociales y del territorio que padecemos los argentinos. Más bien se cuidaba de no ir más allá de lo correcto, entendiéndose esto como lo que autoriza el pliego de condiciones del establishment nacional hacia los gobiernos populares.

La modificación de una matriz social argentina, fundada desde su origen en el individualismo liberal y centralista, donde la suma de las riquezas nacionales se concentra en un único sector social, que habita en la misma región húmeda y portuaria. Dueños del know how. Dueños del comercio exterior. Dueños de los puertos. Dueños de los barcos y los containers. Dueños, también de lo que va adentro de esos contenedores. Dueños de la letra y la música de un canto en extranjero que se ejecuta en los diarios y canales televisivos de los mismos dueños.

Cuestionar ese status quo era imperdonable. Ya lo supo Facundo Quiroga, el Chacho Peñaloza, Martín de Güemes, Juan Manuel de Rosas, Dorrego, y otros que entregaron su vida o terminaron en el ostracismo, el exilio político, la pobreza y el olvido social y cultural.
Argentina produce bienes y servicios suficientes para autoabastecer al triple de su actual población. Esa riqueza es administrada por menos del 3% de sus ciudadanos. Estos muchachos la juntan en pala, literalmente. Pero no les gusta su patria. Solo les gusta explotarla. No darían la vida por ella como lo hizo San Martin, Belgrano o mi querido “padrecito de los pobres”, el Chacho Peñaloza, tal como lo nombraba su pueblo.
Ellos prefieren el disfrute de la seguridad de sus congéneres (fellows) que viven lejos de acá.

Alvaro Alsogaray dijo alguna vez que habría que darles las empresas estatales argentinas a los norteamericanos porque “ellos, seguramente, sabrán qué hacer con ellas”.
Desde esa lógica, de la des posesión de los bienes locales, desde la visión de la cual la tierra argentina solo sirve para extraerla y no para retroalimentarla es que se acumula en una moneda que no es argentina.
Tineo con diputados Claudia Giaccone y Agustín Rossi,
Las inversiones necesarias, según estos diseñadores del despojo, deben salir de bancos extranjeros para no perder, desde ellos mismos, esa costumbre de endeudarnos y así sostener la dependencia.

La fuga de divisas es la metáfora de la expoliación de uno de los territorios más productivos del planeta. Pero no se pueden llevar “papelitos” nacionales, aunque en ellos figuren homenajes a los más rancios patriotas del establishment nacional y antipopular (Sarmiento, Mitre, Roca).
La riqueza es real, pero la moneda no. La moneda que eligen es el dólar. Moneda sustentada en una economía como la de EEUU, patrones del mundo, policía ideológica global, promotores del libre mercado que, como dice Galeano, cuanto más libre es el mercado, más trabajadores presos se necesitan.

En la Argentina, desde hace más de 40 años, se giran divisas de nuestra economía al exterior. Divisas producto de actividad económica de nuestro país. Así es que se depositaron en paraísos fiscales, bancos suizos, estadounidenses y otros páramos financieros más de 300 mil millones de dólares (hay que escribirlo en letras porque en números no se puede leer).
Esto es más de la mitad del PBI anual de nuestro país. El PBI es casi todo lo que tenemos y lo que hacemos.
Dicen que esa riqueza generada en nuestra patria que fue convertida en moneda yanqui y guardada en las casitas argentinas, en sus sommiers, cajas fuertes y otros reservorios rondan los 40 mil millones de dólares. La misma cifra que registran las reservas del Banco Central Argentino.
Es otra economía, pero paralizada. No es dinero puesto en función social. Es plata usada para especular y no para producir. 

Cuando un gobierno popular se decide a detener esta sangría, la oligarquía lo cuestiona y lo bautiza con un nombre que le es familiar y nace de sus prácticas ancestrales: el cepo.
Lo que ahora decimos es que además de cortar la huída de divisas, exigimos que retornen. Que la riqueza convertida en billete verde regrese a las arcas del estado. Esta vez con una medida excepcional: no preguntaremos porque estaban guardados y sin declarar.

No podemos apelar al amor a la patria de estos sujetos para recuperar esos fondos. Los que convirtieron en dólares su renta y los atesoran o los sacaron lo hicieron porque detestan a la Argentina, aunque griten goles de Messi y lloren cuando flamea la bandera y cantan “o juremos con gloria morir”.
San Martín necesitaba recursos para liberar la patria y sabía que los que la tenían no eran hombres y mujeres enamorados de su tierra. Por eso pasó la gorra en tono amenazante a las señoras y patrones de la nobleza porteña y la mendocina. No era con poesía como los iba a convencer de colaborar con la gesta libertaria de sus propios territorios y el de sus hermanos.

Argentina se debate por estos días en quedarse en el molde conservador que explota y junta para guardar en dólares y seguir con la esquilma de sus recursos para llevarlos fuera de aquí o romper ese molde y fundar un estado presente que equilibre las cargas y que retroalimente la inmensa riqueza desarrollada por estos pagos en más inversiones, mejor infraestructura y en la fortaleza de su moneda.
Los que guardan esos dólares o los fugan son los que mueven las palancas formadoras de precios que derivan en aumentos fabulosos del valor de esos productos cuyas materias primas, insumos y mano de obra siguen, en muchos casos, invariables.
Son los mismos, y ya no sospecho, los que producen la inflación y el desánimo y los que reclaman devaluar la moneda. Su interés es incrementar la rentabilidad propia, no la del país.

Para eso debatimos decisiones como la de transparentar esas divisas extranjeras. Crear instrumentos que permitan que esos dólares vayan al Banco Central.
A cambio no se les quita nada. Podrán con los bonos en dólares construir, comprar o vender inmuebles y también invertir en energía u otros bienes reales y concretos que necesitamos todos los argentinos.
Además, esos valores le darán al poseedor un interés del 4% anual, cosa que si los tiene guardados se le degradan por la misma inflación norteamericana.

Como lo hizo San Martín para cruzar los andes, no es una apelación al amor a la patria. No es poesía, compañeros. Es una decisión de política económica.
Los que tienen los dólares guardados y especulando no son precisamente amantes de la lírica. Sus emociones empiezan y terminan en el bolsillo o en el colchón. Cuando no en un “paraíso fiscal”.
Ahora les proponemos, desde el gobierno nacional y popular, un buen negocio para que hagan, con prerrogativas que en otro momento no lo habríamos aceptado.

En este momento histórico elegimos hacer. Lo de quedarnos a esperar que lo hagan, no va con nosotros. Menos ahora que urgen hechos y certezas. Justo cuando amenazan con deshacer lo que estamos haciendo cuando nos entierren.
Con más razón hacerlo ahora y con piedra sobre piedra para que ningún viento derrumbe esta construcción.

0 comentarios:

Tus propuestas

Juntos podemos sumar ideas para mejorar la provincia.
Mandanos tus sugerencias a través de este formulario o escribinos a propuestas@javiertineo.net

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *